Y regresando a los mini maratones dedicados a algún director que injustamente no haya sido lo suficientemente tratado en este espacio (o que imperdonablemente no haya sido muy visionado por mí), nos toca ahora hablar del fantástico Alain Resnais.
"I turned militant very young. I was sure we'd change the world. But I wanted it to happen faster. Tomorrow. Today"
A nadie sorprende saber que nuestro comportamiento es una serie de factores biológicos y psicológicos a los que estamos condicionados desde siempre. Que hay algo de ilusión en nuestras decisiones pero que también esa 'combinación de factores' puede escribir una vida. Y así, partiendo de una muy científica explicación del propio naturalista Henri Laborit, Resnais se acerca a la vida de tres personajes que muy bien podrían ser sus propias ratas de laboratorio, o su estrategia para diseccionar la narrativa audiovisual y las teorías psicológicas en una película en la que ficción, teoría y pasiones humanas verdaderas se entrelazan como si no hubiera ninguna distinción entre ellas.
René Ragueneau (un muy joven Gérard Depardieu) es hijo de unos campesinos. Crece sabiendo que por todo hay que luchar, trabajando desde joven y manteniendo tempranamente a una familia. Janine Garnier proviene de una familia proletaria, pero negándose a seguir el estilo de vida que se le ha impuesto se suma a las juventudes comunistas y se vuelve actriz. Jean Le Gall siempre ha sido burgués y ocupa un importante cargo en el gobierno. Hombre casado, con hijos y católico, no duda en poner todo en juego para irse a vivir con su amante, la joven actriz Janine.
Las decisiones y rebeliones que cada uno experimenta en sus vidas oscilan entre la idea del libre albedrío y de las inamovibles predisposiciones psicológicas. Humanos tomando decisiones, cediendo a sus pasiones. Ratas peleando dentro de una jaula de laboratorio.
Resnais consigue no sólo encajar las piezas de su rompecabezas audiovisual de una manera fantástica, sino que logra que las distintas perspectivas de su película sean poderosas e interesantes en sí mismas. Laborit y su académica presentación de la vida resulta fácil de seguir al tiempo que presenta un tema eternamente atractivo: qué nos dicen de nosotros mismos los experimentos sobre conductas. Por otro lado los retratos ficticios de personajes están llenos de matices y conflictos que podrían haber sostenido sin problemas todo el largometraje. Particularmente, pese a que puede parecer un personaje tópico el de la actriz-amante, me resultó cautivante la perspectiva sobre la vida de Janine y el modo en que termina por entrelazarse con la del político. Resnais consigue con estos aparentemente estereotípicos personajes, construir universos sin tener que decir demasiado.
Aunque no puedo decir que la Nouvelle Vague sea un movimiento del que haya visto demasiado, es fascinante ver cómo cada director y cada proyecto retoma y transforma por completo este episodio de la historia del cine francés.
Seguiremos hablando de Resnais pronto.
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