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25.2.14

Todos esos temas internacionales están muy bien, ¿pero nos hemos olvidado de dónde estamos? Así que llega la tercera y muy estadounidense nominada a Mejor Largometraje Documental: "Guerras sucias".



"The world is a battlefield and we are at war"
Supongo que a nadie va a sorprender ninguna premisa que quiera mínimamente indicar que hay asuntos turbios en las recientes guerras estadounidenses, ¿no? Y lo cierto es que si nos dicen que un reportero (estadounidense) va a descubrir la verdad detrás de 'las guerras ocultas' del gobierno, uno podría creer que todo podría parecer un poco demasiado obvio. 
Y al principio quizás lo es. Jeremy Scahill ha sido corresponsal de guerra de Irak y Afganistán y habrá que suponer que ha visto ya cosas terribles. Y sin embargo se detiene a investigar lo que parece un regular abuso de autoridad por parte del ejército estadounidense, en las acusaciones de una familia local que dice que ellos estaban en una fiesta cuando llegaron los militares a disparar. Y quizás la cosa se hubiera quedado ahí (¿cuántos casos como estos serán realmente investigados en esos países?) sino fuera porque contaban con evidencia fotográfica de los sucesos, y porque uno de los asesinados era parte de agrupaciones militares estadounidenses. Sí, quizás era afgano, pero era *uno de ellos*. Y en ese punto donde cualquiera podría haber pensado 'pero bueno, hacen eso todo el tiempo', Scahill comienza a rastrear cómo se llegó a ese punto. Cómo de una cruzada por la búsqueda de 'grandes terroristas' llegaron a disparar en fiestas familiares, a invadir otros países con los que supuestamente ni siquiera están en guerra, o a condenar a muerte a un ciudadano estadounidense sin siquiera decir por qué. La investigación de Scahill es increíblemente puntual en un terreno de caos y secretismos, y es sorprendente e indignante incluso dentro de un contexto en el que uno ya espera que pueda suceder cualquier cosa.

De Afganistán a Yemen, de Irak a Somalia, lo que Scahill y su investigación consiguen es documentar el laberinto de la paranoia de guerra. Como un número limitado de enemigos se convierten en país enteros llenos de terroristas. Organizaciones cubriéndose unas a otras y una sociedad que vive entre la ignorancia y la manipulación a sabiendas de que su ejército está del otro lado del mundo ¿defendiéndolos? ¿o inventándose una guerra?

Si uno creía que las guerras actuales no podrían ser más indignantes, pues aquí se va un paso más allá en la denuncia de lo que realmente está sucediendo. Y no es ya únicamente una cuestión de ganancias, de grandes corporaciones, es el seguimiento del temor y algo que parece asemejarse a un deseo irracional de conquista. Algo a lo que, claramente, Estados Unidos no es muy ajeno. 
La investigación de Jeremy Scahill es increíble en todos los niveles. Desde su capacidad de hacer conexiones en el caótico torrente de información (muchas veces bastante parcial) del que inicia, hasta el modo en que, en conjunto con la producción del documental, puede llevarnos a través de ese viaje personal de una manera bastante esclarecedora. Que no teme recurrir a fuentes directas pero que tampoco depende del sensacionalismo o la dureza de las imágenes. No es necesario mostrar nada violento para que la imagen de una niña contando cómo fue perseguida por misiles encarne todas las abismales posibilidades de la guerra.

Es interesante ver esta clase de perspectivas y contrastarlas, por ejemplo, con películas que supuestamente pretendieron ser objetivas como "Zero Dark Thirty", ya que en algún momento se cruza el mismo momento histórico. Y si por un solo momento pensaron que había algo de heroísmo en 'haber capturado' a Osama Bin Laden, esperemos que después de "Guerras sucias" se lo piensen dos veces.

Mi indignación es directamente proporcional a lo buen documental que es y lo interesante y bien revisado de su tema. 
Aunque esté nominado (como el año pasado estuvo "La guerra invisible", sobre los abusos sexuales cometidos dentro del ejército de los Estados Unidos) cuesta creer que la Academia se inclinará por una pieza tan política y tan poco favorable para su propia sociedad. Además que para mí queda claro que si "The act of killing" no gana, esto-qué-es.




¿Otros documentales bélicos que les gusten?

27.8.12


27/08/12
Parece un buen momento para irnos un poco hacia Medio Oriente.



"No puedo olvidar, pero puedo perdonar"
"Osama" fue de las primeras películas que recuerdo que empezaron a sonar desde aquellos remotos rincones del mundo en aquellos años. No es para menos, porque además se trata de la primera película grabada en Afganistán después de la caída del régimen talibán (no vamos a entrar en subjetividades sobre lo que pienso de ese hecho). Era claro que no íbamos a encontrarnos con un panorama demasiado alegre.

Osama es una niña que vive con su madre y su abuela, todos los hombres de su familia han muerto en los diversos conflictos por los que ha atravesado el país en los últimos años. Y ser una familia compuesta sólo de mujeres en un país regido constitucionalmente por un islam ultra conservador no es fácil. No se les permite trabajar, caminar solas por la calle, andar descubiertas. La madre mantenía a la familia trabajando no muy legalmente como enfermera en un hospital que están por cerrar ahora. La única posible solución parece ser vestir a Osama como niño y pedirle a un amigo del esposo fallecido, quien posee una tienda de comestibles, que le dé cualquier trabajo.

La película, claramente, busca ser directa y efectista: es terrible ser mujer ante un régimen tan controlador como el que mantienen ciertos países árabes extremos. No son únicamente las restricciones constantes sino el miedo perpetuo con que crecen las niñas en el país, sobre todo aquellas que no se sienten protegidas por una figura masculina. El travestismo de Osama sirve para evidenciar el abismo social que existe entre ambos géneros pero también para denunciar sus insalvables distancias: a diferencia de tantas películas donde el recurso de aprovechar el género contrario para recibir algún beneficio se presenta como el más sencillo de los disfraces, Osama se ve sometida a una nueva opresión, más fuerte y peligrosa que antes, al pedirle que asuma un rol que le es totalmente extraña. No únicamente por cuestiones meramente técnicas (el hecho de que no sepa rezar porque siendo mujer no se le enseñó cómo) sino por las cuestiones más inherentes a su configuración femenina: el temor constante, el recelo, la incapacidad de hablar o ver directamente al interlocutor, la noción de que cualquier movimiento en falso la está ya condenando de antemano. Y, claro, finalmente, la terrible cuestión legal contra las acciones subversivas de las mujeres. 
Una película que sin duda siendo tan corta como simple, consigue transmitir perfectamente su mensaje y conmover al espectador ante una situación frente a la que se encuentra totalmente impotente.

Esto si la vemos como una producción del 2003, apenas un par de años después de la caída de las torres gemelas y el inicio de la agresión estadounidense en Medio Oriente. Como producto cinematográfico puede ser impecable pero como texto social, visto en retrospectiva, hay muchos aspectos que uno puede cuestionarse ahora. 
Por una parte que se integre fácilmente en esa serie de películas que parecen recrearse únicamente en el drama. Que no es que sea algo negativo en sí mismo, sobre todo cuando se trata de actos reprobables como el que presenciamos, pero que se convirtió en una serie de corriente arbitraria que parecía esmerarse sólo en mostrar lo malo, lo terrible, pero sobre todo limitándose únicamente a ello. La cuestión fundamental es que en "Osama" no hay una dimensión del conflicto. En ese momento hablaba del régimen talibán sobre todo en virtud de los muchos años en que no se permitió hacer cine (ni mucho más) al respecto, pero ¿cómo se acomoda esta visión de manera conveniente en la nueva realidad post-régimen? Sobre todo porque no creo que la intervención estadounidense en el país haya garantizado una mucha mejor vida al ciudadano promedio, eso ya sin tomar en cuenta de su participación política todo el asunto desde antes de que se instaurara el régimen. 
Esto no es que necesite decirlo la película, ni que justifique en modo alguno ninguno de los sucesos que se relatan en ella. Pero sin duda es una reflexión que debe acompañarla después del visionado, porque la realidad no es nunca tan unilateral como podría parecer.




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