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26.10.12


26/10/12
No esperaba encontrarme con "This is not a film" en cartelera de modo que la sorpresa fue más que agradable. Aunque ya ha pasado algún tiempo desde que hablamos de Panahi y su juicio, nunca es mal momento para adentrarnos todavía más en el universo de este director.



"Ya no soy un director"
Jafar Panahi, director iraní, fue arrestado durante el 2010 acusado de estar grabando una película contraria el régimen que gobierna el país. A pesar de no contar con pruebas al respecto el director fue condenado a seis años de cárcel y 20 más en que no podrá abandonar el país ni grabar ninguna película. Mientras presenta el recurso de apelación y antecediendo a lo que podría suceder de confirmarse la sentencia, Panahi decide llamar a un amigo suyo, Mojtaba Mirtahmasb, para que lo ayude a grabar algunas ideas que tiene en mente y que no consigue expresar como quisiera.

La película se configura como una serie de secuencias hiladas que no siempre tienen una dirección clara pero donde quedar de manifiesto la principal preocupación de Panahi: la construcción de historias. Su sincero amor por el cine no tiene que ser enunciado de manera explícita para que resulte evidente en cada uno de sus comentarios, en el modo en que puede ir construyendo imágenes, relatos, ideas, conforme va hablando, de manera fragmentaria, reinterpretando todos los sentimientos que vivir en Irán ha ido acumulando en él. Pasamos de una conversación grabada con su abogada de apelación, el intento de contar su último guión que claramente ya no podrá grabar, hasta hablar de todo lo que el cine ha ido significando para él a lo largo de sus películas. Escenas aisladas, sentimientos contradictorios, secuencias caseras. Al final Panahi consigue lo que quería lograr con su última película: grabar en un espacio cerrado. Después de conformar una filmografía casi por entero en exteriores, su ambición era mostrar que también dentro de un sitio cerrado se podía grabar una película. Pero esto, como dice él entre el humor y la angustia, no es una película.

Uno de los retratos más sencillos, sinceros y potentes que he visto del universo real y fílmico de un director. Su concepción no dejó de recordarme a lo que había hecho Kim Ki Duk en "Arirang". En ambos casos los directores hablan de sí mismos a través del proceso de creación y su interrupción. En el caso de Kim Ki Duk una interrupción en pasado, ahora que ha logrado vencerla a través de "Pieta", y en el de Panahi a través del conocimiento de la posible imposibilidad. 
Una película sencilla, poco técnica, más que breve, y que se configura como una de las más fantásticas odas de amor al cine. 

Panahi, te quiero.

Desgraciadamente, la película no nos lo cuenta pero nosotros ahora lo sabemos, el tribunal reafirmó la sentencia dictada contra el director, a pesar de que su abogada esperaba que al menos le disminuyeran los años de prohibición fílmica y le redujeran los de cárcel. Es difícil vislumbrar el destino artístico al  que está por enfrentarse en caso de que se terminen de agotar todos los posibles recursos. Una verdadera pena.




¿Película o documental de un director hablando sobre sí mismo o su obra?

9.3.11


09/03/11
Jose me avisó hace unos días de la presentación de una película iraní de la que no había escuchado hablar. Cosa no particularmente extraña porque en realidad mis conocimientos del cine en Irán son casi nulos (y el casi va sólo por "Las tortugas pueden volar" y la didáctica mirada de "Persépolis"). Así que, nada mal darle una oportunidad a esos cines periféricos.



"Sólo necesito tiempo. No podría soportar que tu paraíso no existiera"
Todo comienza porque el director, Jafar Panahi, aparentemente el director más reconocido de Irán sólo después de Abbas Kiarostami (y eso debe ser mucho decir), se encuentra actualmente encarcelado tras interrumpirse la grabación de su última película. Al parecer a la censura iraní no le cayó muy en gracia y ahora se enfrenta a seis años de prisión más otros catorce en que no podrá abandonar el país (y presumiblemente tampoco podrá grabar más películas). Y eso nos dirige hacia "El círculo", una de sus películas más famosas.

Por una parte podríamos creer que tiene algo de fácil hablar de la situación de las mujeres en los países de Oriente Medio, y lo cierto es que muchas películas que nos llegan pueden llegar a sonar como propaganda. Con ese reto inicial da comienzo la película en la sala de espera de un hospital, donde una anciana espera a que su hija dé a luz y pronto se le comunica que ha tenido una bella niña. Pero ella estaba esperando un niño. Sin esperar a que llegue la familia del novio la mujer se va y en la calle la cámara deja de seguirla para continuar su trayecto detrás de un grupo de tres mujeres a punto de vender una cadena de oro para conseguir dinero. Las mujeres se dispersan y la cámara sigue sólo a una de ellas, mientras trata de encontrar referencias por la ciudad de una antigua amiga.
Así, como si fuésemos nosotros la cámara, un testigo puntual y silente, vamos siguiendo a una mujer, a otra, mirando vidas fragmentadas, a medias, donde sólo se nos ofrece un poco de pasado, una figura inconclusa que pronto será abandonada para seguir a otra. Mujeres siempre solas, en problemas, en busca de cosas o personas a las que no podrán encontrar, sin permisos conyugales ni paternales, sin sitios dónde quedarse, sin lugares a dónde ir. Y la otra figura omnipresente es la de la justicia rígida, representada por hombres (policías), quienes parecen perseguirlas siempre, acosarlas siempre, esperar en cada esquina y sospechar de ellas precisamente porque son mujeres, mujeres solas.

Con esta sencilla pero bien planteada estructura se nos permite seguir a un conjunto arbitrario de mujeres (si bien algunas están relacionadas entre ellas, en general saltamos sólo de una circunstancia a otra) y adentrarnos en sus problemas. Siempre de manera unilateral, limitada, con poca información más allá de sus miradas tristes, de sus huidas oportunas, de sus heridas invisibles. Un círculo que, como bien se nos anuncia desde un principio, sólo puede tener un final funesto en que todas las cosas se cierren en un ciclo del que obviamente no pueden escaparse.

Una película increíblemente delicada, en que uno puede acercarse a cada uno de los personajes como si fuesen demasiado cercanos. De una manera gentil, sin propaganda, sin grandes exclamaciones ni quejas en voz alta, con una sensación suave de indignación, de tristeza, de opresión, que nos van transmitiendo de poco a poco y nos van arrastrando con ellas en su inalterable curso. Más que salir de la película fuertemente indignado nos deja una sensación de tristeza, de herida, especialmente en el punto en que esas mujeres y el propio director parece querer decirnos "las cosas son así, no parece que vayan a cambiar".

Una historia que con muy poco consigue decirnos mucho y, además, una película que sin grandes pretensiones estéticas resulta bella (bella y dolorosa, quizá). Tendré que buscar ahora más de Panahi, e indignarme porque esté encarcelado por su arte.




¿Película favorita de Irán?