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29.6.13


Pendiente de ver más documentales y más piezas de Agnès Varda, me habían hablado ya muy bien de esta producción. 



"This apple is like an ugly woman"
Reflexionando sobre la sociedad en la que vivimos, el consumismo y el capitalismo, uno puede encontrarse con diversos videos documentales que abordan de manera breve el tema desde alguna de sus perspectivas. Lo que consumimos, cómo lo consumimos, lo que usamos, cómo se genera, qué hacemos con todo esto. Somos una sociedad vertiginosa pensada para auto-consumirse y auto-agotarse de manera frenética. Varda, una mujer que se ha dedicado a hacer cine desde varias décadas atrás y que era ya una especie de rara avis dentro de la nouvelle vague, a sus 70 y pocos años se arma todavía con su cámara y da pie a su propia reflexión, su propia visión de un mundo cuya tendencia consumista ha visto cambiar a lo largo de su vida. Para eso parte de un concepto concreto con posibilidades de volverse universal: los 'recogedores'. ¿Qué se tira y que se recoge en el mundo moderno? ¿Quiénes lo hacen?

La idea de la que parte esta interpretación del mundo es en realidad la de los 'espigadores', los encargados ancestrales de recoger la cosecha cuando estuviera lista. Una labor que se ha mecanizado con el tiempo pero cuya función no ha desaparecido. Las cosechas se recogen, los productos se aprovechan, pero cuando todo parece tomado y repartido, todavía quedan sombras dispuestas a apropiarse de los restos. Hay gente que vive de esos restos. ¿Quiénes son esas personas?

El recorrido que sigue Varda no está delimitado por una línea recta tanto como por su fascinante interés y sus propios procesos mentales. Tras plantearse este concepto de 'recogedores' comenzamos a sumergirnos en toda clase de inusuales escenas que para algunas personas son lo más esencial de su cotidianidad: las personas que desechan los vegetales 'no atractivos' y quienes los recogen, los que se alimentan de los restos de los supermercados, los que arreglan cosas de la basura. Personalidades que van desde lo más práctico hasta una desidia social, desde los que parecen esconder síntomas de deterioro mental hasta los que expresan una extraordinaria posición de vida. Y Varda nos lleva de la mano por este recorrido, nos deja mirar con sus ojos y de alguna manera a través de la vida de otros nos sumerge también a su propia vida. No en vano ella misma, a través del título, se nombre a sí misma una recogedora. 

Un documental fascinante no sólo por lo que nos muestra, los modos de vida a los que accesamos, sino también por el tono en que se nos guía a través de ellos, la reinterpretación de las imágenes y los hechos a través del pensamiento de la directora. Ya nada me sorprende de esa mujer.
El documental además tiene una continuación dos años después, donde al parecer se propone volver a visitar tras ese tiempo a algunos de los que participaron del primer proyecto, para ver cómo han seguido sus vidas y lo que los posibles cambios han representado para ellos y para la reflexión establecida. Espero que caiga pronto para verlo también.




¿Algún documental sobre consumismo que recuerden?

28.9.11


28/09/11
Continuando con la filmografía de Agnès Varda al parecer escogí un título al azar y me encontré con "La felicidad" en mi lista de espera. Y por qué no.



"Happiness works by addition"

La película es apenas poco más que un mediometraje y aunque es casi la siguiente pieza de Varda tras "Cleo de 5 a 7" (por el momento el único otro referente que tengo de ella), la imagen inicial que podría darnos es bastante diferente de lo esperado.
Francois es un joven carpintero y está casado con Therese, tienen dos niños pequeños y todo parece ir absolutamente bien entre ellos, como lo atestiguan las primeras escenas en que vemos a la familia en un día de campo y entre la imagen más que idílica de la naturaleza a su alrededor, los niños jugando, la pareja todavía tiene tiempo para manifestarse intensamente su amor. No se podría pedir más. Y al parecer en los demás aspectos de la vida en común las cosas van bien. Pero Francois comienza a ir frecuentemente a un pueblo cercano por cuestiones de su trabajo y ahí conoce a Emilie en la oficina postal, comienza a frecuentarla y se hacen amantes. Y ahí, donde todo parecería indicar que el giro dramático debería ir directo a la ruptura y la vida de un hombre dividido entre dos mujeres, es que Varda presenta la idea central de su cinta que se resume en la frase antes presentada: el amor es adición. Francois ama a Therese pero también ama a Emilie. Sólo faltaría el 'y todos fueron felices para siempre'.

La película juega de manera tan maravillosa como simple con hacer que las cosas sean lo que son pero también otra cosa. Puede sonar redudante o innecesariamente complejo, pero al irse desarrollando nos parece de algún modo lo más natural, aunque conscientemente sepamos que no lo es, que tiene que hacer algún truco en todo eso. Y otro de sus principales atractivos es presentar imágenes que en cualquier otra situación podríamos encontrar de lo más tópicas pero revestidas con una luz diferente que nos hace no sólo verlas de un modo distinto sino aceptarlas, aunque sea precisamente para significar los mismos valores que su estereotipo ha reforzado siempre. Lo mencionado con la escena de la pareja en el campo y toda la retórica bucólica que viene detrás de ella, y sin embargo hay algo que nos hace mirarla y no encontrarla tan típica, aunque sepamos que los que nos quiere decir es que son felices, inconmensurablemente felices.
De ese modo, sencillo pero no, es que nos vemos atrapados en una trama que gira alrededor de una idea común de la infidelidad que usualmente no es presentada de modo tan directo: ¿puede ser sencillamente que la persona infiel ame a sus dos parejas y encuentre un equilibrio en ese amor? Los personajes tratan de justificar o no sus puntos de vista a partir de disertaciones muy propias de la nouvelle vague sobre el tema, al tiempo que sabemos que muchas de esas disertaciones son también excusas, o son también pasiones momentáneas, y así todo vuelve a ser lo que es y también algo más, dependiendo cómo lo veas y cómo lo aceptemos como espectador.
Y encima, un final contundente pero vago nos deja con más dudas que respuestas, tal vez porque finalmente tampoco somos capaces de entender del todo lo que las demás personas sienten o dicen sentir, y no somos más que espectadores que hacen conjeturas y no saben si al final fueron correctas o se equivocaron.

Siento en apariciencia tan sencillo me parece fantástico que un filme pueda evocar tantos pensamientos, y sobre todo parece buscar eso, provocarlos antes que dar pie a resolverlos. Me parece que era también un poco lo que se buscaba en "Cleo de 5 a 7", dejar que el espectador se sumerja también en el vacío de esas horas de espera llenándolas con su propia desesperación, motivada y guiada por la protagonista, pero irresoluble.

Una pieza curiosa que no hace más que interesarme todavía más en la directora, de la que seguiré buscando algunas otras cosas pronto.




Seguro que ya lo pregunté antes pero: ¿Película favorita sobre infidelidades?

27.6.10



27/06/10
Desde hace cuánto me vienen recomendando a Agnès Varda y yo sin hacerle un espacio para mirar algo de ella. Tanto porque siempre es bueno mirar algo más de la nouvelle vague y porque en este caso se trata de un exponente mujer y que, aún más, continua dirigiendo películas a sus 82 años. Imperdonable. Y estaba claro que si comenzaba con algo de ella tendría que ser con "Cléo de 5 a 7".



"You seem to be waiting for something, rather than someone"

Basta una sola secuencia para cautivarnos por completo. El inicio, únicas tomas a color, muestran a una mujer mayor leyéndole el tarot a una joven. Acercamientos a las cartas y toda su semántica: nada bueno puede salir de esos presagios funestos.
"Cléo de 5 a 7" es una película que de tan simple es increíblemente compleja. Se plantea abarcar exactamente esas dos horas en la vida de Cléo (bueno, ni tan exactamente, la última secuencia se supone que termina como a las 6:30). El por qué esas dos horas puedan ser tan relevantes es bastante simple: Cléo ha ido al médico y algo parece indicar que podría padecer alguna enfermedad grave. Ella debe ir a recoger sus estudios a las 7 donde todo será aclarado y es evidente que las horas anteriores resultan las más largas y pesadas de su vida.
Es ella una mujer joven que todo se le ha dado fácilmente y que por lo mismo le ha perdido el encanto a todo. Nada parece agobiarla más que ella misma, un sufrimiento único, particular, inexplicable. Algo así como la tristeza de ser, y nada más. Y sobre todo ahora que siente su vida colgando de un hilo delgado dispuesto a ser cortado en cualquier momento.
No es que Cléo haga nada diferente en esas horas, más que distraerse, ocupar su tiempo en cualquier otra cosa, tratar de no pensar en lo que podría esperarle y obsesionarse pensando en lo que podría esperarle. Dos horas cotidianas, eternas, llenas de presagios.

Cléo es Corinne Marchand, una mujer algo extraña. Recuerdo que mientras miraba la película me parecía increíblemente bella (más hacia el principio que cuando cambia su arreglo hacia la mitad), pero ahora que miro los fotogramas siento que hay algo poco estético en su fisionomía. Es decir, particularmente en su rostro. Pero aún así debo decir que la adoré en la película, siendo ella un pilar tan atormentado, tan débil y caprichoso, tan asustado y altanero, convirtió el conflicto humano más normal (el miedo a la muerte) es una verdadera reflexión metafísica. Porque es claro que el temor hacia la muerte es una sensación de lo más conocida, y no dudo que muchos incluso hayan atravesado la experiencia de esperar eternamente por esos resultados que lo mismo pueden ser benévolos que terribles. De tal modo que la película consigue el maravillo encanto de hablarle a uno de tú, pero sin dejar de lado una narrativa maravillosa, suave, casi poética, a la vez que cotidiana y particular. Porque la vida sigue siendo la de Cléo, con todas sus especificaciones.

Con una estructura no tan experimental como otras películas de la nouvelle vague, pero aún con ese toque raro (dicho esto de manera positiva) que consigue que se salga de los parámetros normales. Con una serie de elementos excelentemente bien usados, entre los que destaco personalmente las intromisiones musicales (que, por otro lado, se justifican porque Cléo es cantante). Me encantaron, el momento en que ella canta "sans toi" me pareció tan desgarrador como hermoso, y creo que de manera muy sencilla pero muy efectiva refleja el caracter y el momento preciso que atraviesa el personaje.

Todo lo demás, no es de extrañar, está de lo más cuidado y consigue, sin duda, una grandísima película. Bella y cercana. Con magníficas curiosidades extra como los cameos de Godard, Anna Karina y Jean-Claude Brialy.
Sin duda otra de las joyitas de la nouvelle vague.

Y ahora tendré que mirarme algo más reciente de Varda, y seguir revisando en su filmografía que me imagino que tiene muchísimas más cosas para ofrecernos en ella.




¿Película favorita de Agnès Varda?