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16.2.09



17/06/08
Me tomo un break ilegal de mis trabajos para actualizar rápidamente. Espero ya mañana romper mi largo periodo sin ir al cine (bueno, en realidad la semana pasada se suponía iba a ver "My blueberry nights" pero el único cine que la pasa por aquí tiene problemas para coordinar los horarios que presentan en la página web y los reales), aunque sea para cumplirle a Ian el capricho de ir a ver "Hulk".
Mientras tanto, agrego otra reseña de una película de Subiela.



"Perder la vista fue un don de Dios y desde entonces he descubierto muchas cosas"

En su momento fue probablemente la película de Subiela que menos me gustó (sin contar "El lado oscuro del corazón 2" porque las segundas partes ya se sabe que no pueden ser buenas). Ahora la pienso un poco menos bajo aquel contexto de la chica que se cree hada y todas las casualidades medio paranormales que se tejen alrededor de su vida, y trato de relacionar más el sutil título con otros personajes y otras visiones dentro de la historia.
Por algo son pequeños los milagros, ¿no? Y algo me recuerda un poco a "Los amantes del círculo polar" cuando Ana enuncia que está esperando la gran casualidad de su vida. Santiago, enamorado de alguna forma irreal de Rosalía (la chica hada) a pesar de que sólo la conoce por verla diariamente esperando en la parada del autobus a través de cámaras por la internet, también espera esa gran casualidad: la más grande.
Una historia más bien sencilla, donde la fantasía genera un choque menos violento que en "Hombre mirando al sudeste" y donde uno finalmente decide si quiere creerse que Rosalía es un hada o no, puesto que es lo menos importante. Una sutil representación poética de una historia de fantasía en un mundo contemporáneo. Bien dice una crítica que leí al respecto: Es buena la idea de que la hada sea hija de padres separados, que trabaje en un supermercado, que quiera tener un hijo, que tenga problemas de dinero y sea tímida con los hombres.

A veces a todos nos gustarían esos pequeños milagros, ¿no?

12.2.09



21/04/08
Anoche quería actualizar, pero nada. Llevaba todo el fin de semana (en que no tuve oportunidad de ver ninguna película) pensando en una película que pudiera definir este momento. Y nada. Creo que de haber tenido que decidir impulsivamente hubiese reseñado de nuevo "La última vida en el universo" o "Dark city", pero tampoco era el caso.

Hoy durante una clase comentábamos el texto de "La invención de Morel" de Bioy Casares y el profesor hizo referencia a esta película del director argentino Eliseo Subiela. Yo conocí a Subiela muchos años atrás por Bake y Jessica, recomendándome cada uno por su parte "El lado oscuro del corazón". Posteriormente, en un arrebato de fidelidad hacia el recién descubierto director vinieron "El lado oscuro del corazón II" (bastante lejos de la "primera, una de mis películas favoritas de todos los tiempos), "Pequeños milagros" y "Hombre mirando al sudeste". Abordaba un tema que inicialmente me recordó a "K-Pax", una película que le encanta a mi madre, y que posteriormente me enteré que incluso representó una especie de proceso legal inconcluso en que Subiela, con quince años de ventaja, reclamaba la gran similitud entre las tramas.
No se escapará a ninguno quién fue el vencedor en ese duelo Hollywood vs producción cinematográfica suramericana.



"Yo no quiero que me curen. Quiero que me entiendan"

Hablo mucho con Iván respecto al tema. Probablemente porque está estudiando psiquiatría y se encuentra trabajando por el momento en un psiquiátrico. Me interesa el tema y eso puede conducir a pláticas de horas.
En películas de todos lados hemos visto enfermos mentales, es decir, enfermos limitados a las habitaciones de los manicomios, enfermos mentales que escapan, que olvidan lo anterior de su vida, que jamás podrán salir, que tienen algún secreto. Eso sin contar que al igual que gran parte de la literatura, en el cine cualquier situación mínimamente fantástica también puede tener una interpretación psicológica no siempre necesaria pero que ahí se encuentra.
"Hombre mirando al sudeste" no comienza así, con esa maraña de complejos que encierra un manicomio. Con Winona vs Angelina desplegando un abanico de traumas o Brittany Murphy escondiendo un secreto de vital importancia.
Un día en el conteo de un psiquiátrico de gobierno argentino aparece un personaje de más. La sorpresa es genuina: parece lógico que desaparezca algún enfermo, que se escape, ¿pero que aparezca uno nuevo?
Rantés es este hombre que aparece un día, siendo apreciado ya por los demás pacientes con los que convive. Él está dispuesto a contarle su historia al doctor Denis porque claro, da igual si no va a creerla: él viene de otro planeta y su misión es estudiar al ser humano. Paradójico, irónico o extremadamente lógico. La película se desenvuelve entonces con un sutil misterio de lo que ya se ha dicho pero es difícil de creer, con una reflexión constante sobre lo que implica nuestra vida y nuestra condición y aún más, la condición de alguien que parece completamente ajeno a nosotros, más allá de cualquier de nuestras reglas y que se encuentra sumergido en nuestra realidad, y no precisamente en una de sus consideradas mejores facetas.
El personaje de Rantés me encanta porque resulta confuso, tiene algo de niño, de extranjero, de misterioso, de profundo que no termina por explicarse del todo. Al final parece que lo que importa no es su búsqueda, o la búsqueda del doctor que trata de explicar todos los eventos extraños que suceden a su alrededor, sino nuestra propia búsqueda.
Una película hermosa y perfectamente bien trazada, con un estilo surreal o fantástico muy propio del director. Que además, leí por ahí, tardó sólo un mes en escribir todo el guión de la película.

Quizá sea hora de terminar de ver "Bicho de siete cabezas".

6.11.08


16/01/08
Será porque siempre me he sentido inclinada hacia la poesía, pero probablemente esta sea una de las películas que más veces he visto. Recuerdo haberla visto con numerosas personas, haber transcrito diálogos, e incluso volver a verla, ya sea completa o ciertas partes, cuando necesitaba regresar sobre alguno de sus tantos puntos.



"Yo no sabía que no tenerte podía ser dulce como nombrarte para que vengas, aunque no vengas, y no haya sino tu ausencia, tan dura como el golpe que me di en la cara pensando en vos"

No puedo ser objetiva ante la poesía, ya no digamos la poesía de Girondo, de Benedetti, de Gelman. Yéndonos más lejos: al propio Benedetti recitando sus poemas en alemán, aunque me encuentre incapacitada para entenderlo.
Me gustaba esa historia, de Oliverio, perdido en sí mismo y en Buenos Aires, buscando a alguien más, a la que vuela, entre imágenes azules, Uruguay, cabarets. Y todas sus demás mujeres.
Dijo, en ese momento, que la única cosa que no perdonaba (y en esa sí, era irreductible) era que no supieran volar: "Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo".

Me viene a la mente la imagen de Dario Grandinetti, caminando por una calle sola, con su gabardina negra, a punto de encontrarse con el Gran Amor (o con la gran casualidad, como lo llamaría Subiela en otra de sus películas, "Pequeños milagros"). O con la muerte, claro.

Me gustaría decir tanto respecto a esta película, pero todo sería demasiado vago e inexacto, no puedo transmitir la sensación que me deja cuando la veo o incluso ahora que nada más pienso en ella. Simplemente recalco que es, sin duda, una de mis películas favoritas.

Y que ahora hace viento, frío, estoy sola en casa y me pregunto qué película veré. Oh.


Saludos a todos los que se pasean por acá.