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5.7.13


Continuando muy lentamente con el mini maratón de Fred Zinnemann: otra película histórica, aunque un poco más de época que la anterior. Nos vamos con el rey Enrique VIII y Tomás Moro.



"You're honest. And what is more to the purpose, you're known to be honest. Those like Norfolk follow me because they're jackals with sharp teeth and I'm their tiger. A mass follows me because it follows anything that moves. And then there's you"
La película se concentra en un momento histórico que todos sabemos a grandes rasgos que sucedió pero del que quizá desconocemos los detalles, o a cuyos personajes hemos reducido a un conjunto de conocimientos generales y perfiles acartonados. Enrique VIII, en algún momento de su reinado, rompió con la Iglesia Católica cuando ésta se negó a permitirle el divorcio y dejarlo volverse a casar bajo la bendición de la Iglesia. Detalles más, detalles menos. Enrique VIII sin duda fue un personaje histórico de lo más interesante, aunque aquí al 'hombre para todas las estaciones' al que alude el título no es él, sino otro hombre no menos interesante históricamente, Tomás Moro.

Si la premisa real ya da bastante de sí para una trama de intrigas de la corte, de tensión constante entre las partes que se encuentran y desencuentran en el plano de la acción y de la teoría, la película cobra fuerza sobre todo en su capacidad de reproducir con detalle un momento tan complejo, con una red de relaciones, máscaras e ideas tan basta, con un cuidado ejemplar y sin restarle en absoluto fuerza al perfil de sus protagonistas. Tomás Moro, representado por Paul Scofield, cumple a la perfección con representar una personalidad tan fuerte que consiga conjuntar los aspectos más espirituales del magisterio religioso y una verdadera pasión por la vida. Un hombre excepcional insertado dentro de una estructura religiosidad poblada por individuos que aprovechan sus majestuosos ropajes con finalidades muy poco católicas (no es que a nadie sorprenda). Pero aunque es él el eje principal de la película, eso no impide que el abanico de personajes con los que se encuentra a través de la trama, sobre todo Enrique VIII, consigan transmitir una imagen tan potente incluso cuando sus participaciones sean algo breves. Por ahí se nos aparece el buen Orson Welles enfundado como cardenal.

La estructura a modo de intrigas políticas por momentos puede predisponernos a esperar un poco más de acción de la que la historia finalmente los ofrece, mucho más centrada en una revisión filosófica y moral de los personajes y la época, que sin duda cumple a la perfección. 
Esta producción confirma mis sospechas de que a Zinnemann realmente se le dan las adaptaciones históricas, aunque ahora es difícil superar mi amor por el ficticio Chacal.




¿Otras películas de cortes inglesas que les gusten?

17.8.12


17/08/12
Pero dejamos a Imamura para volver con mi verdadero amor: Koji Wakamatsu.



"Con mi sangre pura reuniré tu carne y tu alma escindidas"
"The embryo hunts in secret", además de tener un gran título, fue la primera película donde Wakamatsu trabajó con un guión de Masao Adachi, lo que iniciaría una larga y fructífera relación entre ambos. Además de ser una temprana y excelente muestra del encuentro entre las particularidades de los estilos de cada uno. 
Adachi había dirigido hasta entonces un par de mediometrajes que se enfocaban en un interés femenino sexual con un gran componente anatómico, como puede deducirse desde sus títulos: "The closed vagina" y "Abortion". Mismo interés del que parte la premisa de "The embryo hunts in secret", donde desde los créditos iniciales nos encontramos con una serie de imágenes de embriones, fetos, ecografías y demás alusiones al tema. El mensaje es doble: la idea de la descendencia (un tópico en el que no se había detenido demasiado el pinku eiga en ninguna de sus modalidades: ni hijos, ni embarazos, ni por el estilo) y también una visión un poco medieval de la sexualidad femenina como algo profundo e inalcanzable.

Una pareja se besa en un automóvil detenido antes de salir y dirigirse al departamento de él. Por la plática superficial que mantienen podemos deducir que trabajan en la misma empresa, que vienen de una fiesta y que él es de alguna manera su superior laboral. Dentro del impecable departamento, después de una serie de   vagas aproximaciones sexuales, el momento parece perderse mientras el hombre se detiene en pensamientos inconexos del tipo 'se parece tanto a ella'. Cuando están por irse a dormir, una vez frustrado todo intento, él termina por sedarla, amarrarla a la cama y empezar a torturarla. 

Si esto puede sonar a premisa de cuántas películas de sexploitation, venganzas femeninas o thrillers violentos, nos encontramos con una historia que precisamente no busca resolver dicha situación como si se tratase de un conflicto. El punto entero es el cautiverio, la recreación del espacio cerrado, de la relación tensa entre un sádico y su víctima sin correspondencia entre ambas. Por una parte tenemos a una mujer de la que no sabemos nada y que lucha por mantenerse a flote entre las irregularidades actitudes de su captor, y por otro tenemos a un hombre a cuyo pasado podemos asomarnos pero sin componer por completo a partir de él sus intenciones. Su obsesión con la identidad femenina viene de sus circunstancias específicas: su fuerte deseo de 'volver al vientre materno' como único estadio de posible felicidad en la vida de un ser humano, y su deseo frustrado de tener descendencia. El modo en que estos sentimientos lo han orillado a tomar las acciones que dan pie a la trama nunca son explicados por completo.

Con intenciones similares a las que gestaron "Violated angels", Wakamatsu y Adachi fueron de los primeros creadores que trataron de aproximarse a la psique criminal como un complejo entramado donde no necesariamente todos los puntos se corresponden entre ellos y, aún más, donde no todo puede ser por completo explicado. "The embryo hunts in secret" resulta tan meticuloso como fragmentario, lleno de divagaciones, referencias a imágenes ajenas, irregular y fantásticamente potente. Si la idea que prima es precisamente la de la matriz como un sitio oscuro, inaccesible pero que parece prometer una lejana felicidad, la propia composición de la trama y sus escenarios reproducen esa idea de retroceder sobre sí mismo, de adentrarse de nuevo en esa oscuridad líquida en perpetua gestación. 

Para mí resultar difícil hacer un top exacto de las películas de un director que me gusta tanto como Wakamatsu, pero me parece que esta ocuparía sin duda el segundo lugar, sólo después de "Go, go, second time virgin".




¿Película favorita sobre obsesión por hijos?

2.8.12


02/08/12
Originalmente iba a limitarme a las películas que imdb considera como el top tres de Imamura, pero entonces me encontré con que "The pornographers" se encontraba hasta la octava posición. La octava. Y tuve que ignorarlo todo e ir a ella.



"Nadie puede entender la relación entre sexos. No hay forma, nadie lo puede precisar. Si fuéramos máquinas sería más fácil" 
En otro de esos ejemplos que demuestran que Imamura elegía grandes y apropiados títulos para sus películas, la traducción original es "Los pornógrafos: Introducción a la antropología". Que si algo han deducido de la obra del director por mis reseñas anteriores, es una descripción bastante adecuada para este proyecto.

"Los pornógrafos" es una película dentro de una película. Comenzamos viendo a un grupo de personajes que  se alejan hacia una zona en medio del monte para grabar lo que a todas luces parece ser una película pornográfica ilegal, tomando en cuenta lo limitado que parece el presupuesto y lo cuidadosos que son para no ser descubiertos. Tras un corte podemos deducir que los directores de la misma están viendo en una proyección sus películas para juzgarlas y de pronto aparece la imagen de una carpa ocupando toda la pantalla. Al ver el pez todos se preguntan "¿qué significa?" y es entonces cuando entramos en esa imagen y nos encontramos con la pecera donde se encuentra dicha carpa, en la habitación donde una pareja se dispone a tener relaciones. En un giro meta-narrativo, el hombre que se encuentra en la habitación es uno de los directores de la primera secuencia. 
Yoshimoto Ogata es el segundo marido de su esposa, la mantiene a ella y a los dos hijos que tuvo con su fallecido primer esposo. Aunque ellos parecen tener un buen matrimonio la tensión en el hogar es inestable: el hijo mayor está demasiado pegado a la madre y busca chantajearla constantemente a cambio de atención y dinero, justificándolo todo a través de la poca simpatía que le tiene a Ogata y a lo enfrascado que está en sus estudios. La hija, por el contrario, agradece los sacrificios que el hombre ha hecho por ellos y condena lo mucho que consciente su madre a su hermano, pero entonces se obliga a cargar ella misma con responsabilidades familiares.
Ogata es, en efecto, un director de pinku-eiga de bajísimo presupuesto (y bajísima legalidad), y aunque tiene que ver toda clase de situaciones anormales en su trabajo, finalmente es una labor que desempeña y que le permite vivir a él y a su familia. El problema es cuando se descubre dicha situación y el equilibrio familiar (no particularmente equilibrado) se revierte por completo a lo que se suma el señalamiento social, y toda la vida de Ogata comienza a cambiar a base de dicha revelación.

El pinku-eiga estaba en uno de sus momentos de mayor auge en la sociedad nipona por los años en que Imamura estrenó esta película, aunque todavía se encontraba en un límite muy mínimo de la ley lo que lo orillaba a la condena pública. Pero eso no era lo único que sucedía en Japón y el director sabía muy bien que había un gran número de causas encontrándose en el momento histórico que complicaban una situación que buscaba señalar de manera maniquea a la pornografía como 'el enemigo' del momento. Varios de esos elementos aparecen en personajes de la película, como la superstición y el apego férreo a las tradiciones obsoletas (la esposa de Ogata sufre constantemente porque cree que su difunto esposo ha reencarnado en la carpa que tienen en la casa y que la condena por haberse casado de nuevo tras su muerte), la dependencia familiar, la frustración estudiantil y la falta de dirección por parte de la juventud (representado por el hijo que dice dedicarse a los estudios cuando sólo busca una excusa para seguir viviendo a costa de su familia), el despertar sexual confuso y malinformado (representado en menor medida por la hija) y sobre todo la construcción de una imagen social intachable por encima de la verdadera calidad humana, que define a todos los sucesos desencadenados alrededor de Ogata.
Y todo ello surge precisamente a raíz de que Ogata es una excelente persona, el único defecto demostrable es su dedicación a la pornografía y es a partir de entonces que es él quien entra en este espiral de problemática social arrastrado por los demás personajes pero utilizado como catalizador de todas las culpas. En algún punto, ante la contraposición de estos dos mundos (el cinematográfico de las producciones clandestinas o el de la micro-sociedad en que se mueve el protagonista), uno tiene que preguntarse: ¿qué es lo verdaderamente pornográfico?

La película, siendo casi nada explícita y sobre todo fundamentándose en una trama de ficción, define de manera muy precisa la problemática de la época alrededor de estos géneros, además de hacerlo de una manera monumental. Y para ello me parece destacable la elección del término 'pornógrafos' que lo mismo puede ser quien produce pornografía como aquel que estudia la pornografía, y en su plural aquí sirve para denominar lo mismo a Imamura, detrás de la cámara (un director consciente de la ambigüedad entre su cercanía y lejanía con el género pinku-eiga en aquellos años), los primeros directores de cine que miran la proyección de la segunda película, donde Ogata sería también otro posible pornógrafo; tanto como el público que presencia el espectáculo o la sociedad que en aquella década se había volcado a hablar compulsivamente de la pornografía. ¿Y quién estaba libre de culpa?

Aunque no la considero la mejor obra de la filmografía del director, diría que particularmente es mi consentida de todas las que he visto de él. Me parece no sólo excelente en su temática, sino con un manejo diestro de estructura narrativa, contexto socio-histórico, configuración de personajes, y todo. Todo.




¿Película favorita que hable del submundo de la pornografía?

4.3.12


04/03/12
En esa lógica sin lógica que siguen algunos de mis pensamientos, pasé de mis investigaciones indigenistas a la importancia capital del relato oral. Y apenas para abrir boca con el tema sabía que me faltaba por ver la más famosa adaptación cinematográfica de la novela de Ray Bradbury.



"Porque leer libros hace infeliz a las personas"
En la historia que ya todos conocemos aunque no la conozcamos del todo, Guy Montag es un bombero en una sociedad distópica donde su función consiste en prender fuego a cuanto atisbo de material escrito encuentre. La lectura ha sido prohibida y ahora la gente se entretiene viendo programas interactivos de televisión o viviendo robóticamente, mientras sólo unos pocos rebeldes guardan recelosos y por todos los medios posibles los pocos libros que han podido conservar. Y no por demasiado tiempo. Su labor tan minuciosa comienza a peligrar cuando decide quedarse con un libro en alguna de sus operaciones y ver qué es aquello que tanto atrae a todos esos rebeldes. Y como clara metáfora de quien tomó un libro alguna vez y ya jamás lo soltó, el mundo de Montag comienza a peligrar mientras más se expone a ese nuevo y extraño universo literario.

De manera bastante sencilla y literal Truffaut nos cuenta la historia sin preocuparse tanto por los detalles de ciencia ficción ni procurar una atmósfera bastante compleja. Con un revisión cuidada pero sutil de los detalles se consigue crear un enrarecimiento de los escenarios que consiguen crear la ilusión de futuro distópico sin alejarse demasiado de ciertos parámetros inmediatos. A partir de ello la historia se desarrolla de manera lineal y consecuente, consiguiendo la mayor parte de su fuerza precisamente por aquello que ya todos conocemos y que es la historia en sí, para lo que ayuda el refuerzo visual sobre todo en cuestión de ver constantemente libros siendo quemados en pantalla (una visión que no deja de ser cruel, y su reiteración sólo contribuye a ese sentimiento). 
Debo decir que después de eso, y sin dudar de su actual calidad de clásico, a mí me sorprendió que Truffaut no empleara ningún recurso estilístico más innovador para adaptar el tema no necesariamente de un modo tan literal. Que no es que signifique que no haya un cuidado en los detalles sino que todo el juego de propuestas visuales y narrativas que la nouvelle vague había practicado durante esos años, brillaban por su ausencia dentro de una película bastante sencilla y al parecer sin más pretensiones más allá de su condición de adaptación.

Algunos detalles que me parecieron extraños y que en ese momento no supe muy bien cómo incluir en la visión del conjunto, vienen a ser resueltos por información sobre las condiciones de la producción. Una es sin duda la conformación del personaje de Montag que a veces va de lo incoherente a lo inusual, cosa que tampoco se ayuda demasiado por el estilo de los diálogos usados. Si bien eso podría atribuirse a la atmósfera enrarecida que podría ser deliberada o no, al parecer tiene una explicación mucho más mundana. Por una parte resulta que Truffaut y sus co-guionistas comenzaron a trabajar en el guión sin tener un conocimiento óptimo del idioma inglés, de modo que no fue hasta más tarde que cayeron en la cuenta de lo acartonados que habían quedado algunos diálogos, a los que se sumaba el acento nada inglés del actor Oskar Werner, austriaco, como protagónico. Al parecer la versión doblada al francés, supervisada por el propio director, subsana algunos de estos problemas. Y además, y quizá sea uno de los datos más comentados sobre toda la producción, fueron los constantes problemas entre Truffaut y Werner quienes llegaron a odiarse por completo hacia finales de la grabación, los que llevó a que el personaje de Montag oscilara entre los deseos del director y la final ejecución del actor, los cuales tenían ideas muy diferentes de cómo debía actuar una persona en las condiciones retratas. Ello sin contar momentos en que aparentemente sus rencillas llegaron al punto de atentar contra momentos concretos del rodaje.
A mí es que generalmente estas historias de amor-odio entre directores y actores suelen gustarme, pero parece ser que no todas son Herzog-Kinski y algunas terminan tan solo por hacer que algunas producciones no den lo mejor de sí.

Sin poder hablar más de los detalles concretos de la adaptación, al no haber leído la novela, la película me deja con esa sensación tan conocida de que 'el libro es mejor'. Y si bien la disfruté y encontré maravillosas sobre todo las escenas finales, estoy convencida de que todos esos méritos son propios de la obra escrita más que de la labor del director. Y yo no tengo nada en contra de Truffaut pero ésta que seguro no va a entrar nunca entre mis películas favoritas de él. 




¿Película favorita sobre los riesgos de la lectura?

23.9.11


23/09/2011
En algún momento, pensando en "Eyes without a face", me puse en la pista de películas donde la cirugía facil tuviese un papel retorcido y/o siniestro. Después de todo el rostro no deja de ser nuestra primera máscara, y perderlo puede dar pie a toda clase de interesantes situaciones. Leyendo sobre varias me detuve en "The face of another" y supe que tenía que verla ya.



"You're not the only lonely man. Being free always involves being lonely. Just there is a mask you can peel off and another you can not"

Un hombre que ha sufrido un grave daño facial se aísla de la sociedad por no querer exponer sus vendas y su evidente desgracia. Obsesionado con que su matrimonio también está siendo alterado por esta eventualidad, recurre constantemente a ver a su psiquiatra y ante la situación a ambos se les ocurre una idea. El médico se ofrece a hacerle la máscara de un rostro humano que pueda suplantar el suyo destrozado y con el cual tendrá la sensación de poder vivir nuevamente, aunque la máscara sería sólo temporal. El hombre acepta y aprovecha la situación para comenzar a llevar una doble vida y acechar a su propia mujer.

Aunque ya la trama ya de por sí daría para bastante situaciones complejas, en general se mantiene sobre la línea exacta que propone y ocupa gran parte del tiempo reflexionando sobre la situación que da origen a todo: la pérdida del rostro, y también, la sustitución de un rostro por otro. Cómo un ser humano va perdiendo su humanidad cuando no puede interactuar normalmente con el resto de la sociedad, cómo nuestras propias obsesiones actúan en nuestra contra cuando creemos saber lo que están pensando o sintiendo otras personas. Si bien el personaje desfigurado nunca es del todo un monstruo, sí parece decir que la ausencia de rostro orilla necesariamente a la amoralidad: quien no parece un ser humano no tiene porqué comportarse como un ser humano.

Al tiempo que vemos esta línea de acción hay otra que aparece por momentos de manera alterna y que no termina nunca de unirse, como si fuera una historia independiente cuyo significado final tenemos que interpretar o dejar escapar. En ella una mujer joven a pesar de ser muy bella tiene una marca de nacimiento como una horrible cicatriz en una parte de la cara y ha tenido que soportar toda la vida las miradas inquisitivas de la gente y también ha sido aislada de este modo de las relaciones sociales, de modo que la única persona con la que puede relacionarse es con su hermano. Aunque podría parecer una repetición de la trama principal con circunstancias diferentes, lo único que parecen tener en común es la idea de que el rostro sigue siendo la forma más directa que tiene la sociedad de juzgarnos y que cualquiera irregularidad en él llevaría necesariamente al rechazo.

Uno de los elementos técnicos que ayudan a reforzar la fuerza de la trama es la fotografía y sobre todo en su composición de imagen en combinación con los escenarios. Hay un cierto toque teatral en el modo en que interactúan muchas veces los personajes donde lo importante no es sólo el diálogo sino también la idea que busca transmitir y esto lo vemos en el juego de sus figuras con otras figuras en los decorados. Esto alternándose con escenas estrictamente realistas, y de hecho en el mayor de los casos esta puesta en escena teatral sucede dentro del consultorio del médico, como si su capacidad de alterar un rostro humano (y una vida humana por consiguiente) pusieran todo su entorno en un nivel por encima del realismo estricto.

La película está maravillosamente realizada y con un tema que resulta además de lo más interesante. Debe ser, sin duda alguna, una de las mejores búsquedas cinematográficas de la identidad perdida.
Tendremos que buscar más del director, y también del escritor-guionista en cuya novela está basada.




¿Película favorita sobre cirugías faciales? (Yo sólo pensarlo en inmediatamente me viene a la mente "Time" de Kim Ki Duk)

22.1.10



22/01/10
Debí haber visto esta película hace mucho tiempo, para una clase de adaptación cinematográfica en que comparábamos directamente texto y película. En este caso para la sección de "inspirada en". Y nada menos que en un texto de Cortazar, "Las babas del diablo". Eso debió ser incentivo para que la buscara pronto, pero lo cierto es que las cosas buenas siempre las dejo pasar.



"Nothing like a little disaster for sorting things out"

A estas alturas no recuerdo tanto del cuento como me gustaría, pero lo cierto es que desde el principio nos queda claro que es una libre inspiración donde la relación evidente es, sin duda, la fotografía. Aunque, en este caso, no tenemos los problemas lingüísticos-existenciales de Cortazar sino los llanos problemas existenciales de un fotógrafo inglés. Thomas, personaje absoluto de nuestra película.
Thomas es un extravagante fotógrafo de modas que, pese a ser bueno en lo que hace, o quizá por lo mismo, desprecia su trabajo. O quizá sólo el mundillo superficial y plástico en el que está atrapado. Es un personaje energético que trata de dibujarse constantemente, de manera errática, entre su continuo movimiento por un Londres colorido que parece diseñado a su medida. Y todo podría parecer que no va a más, sino fuera porque Thomas, en un desesperado intento por sentirse libre, trata entonces de tomar fotografías como todo mundo, por los parques, y se topa entonces con lo que él cree es la evidencia fotográfica de un crimen. Evidencia que él mismo tomó, sin darse cuenta.

El universo al que Antonioni nos sumerge es tan bello como asfixiante. En el continuo ir y venir caótico del protagónico nos topamos constantemente con escenas estéticamente increíbles, pero aún entre todo ese delirio exótico de la forma, entre tantas mujeres exuberantes. Nosotros, al igual que el protagónico, estamos atrapados, ahogados. Y pasamos de un pasillo a otro, de una escalera a otra, siempre en espacios reducidos hasta que busquemos la ansiada liberación. El parque, claro, el crimen.
Uno podría pensar entonces que la película se limita entonces a un thriller con buenas decoraciones, pero lo cierto es que en cualquier caso el homicio es sólo una excusa. Ya no importa si el crimen es real o si lo es, por qué sucedió. Lo que importa es la repercusión que esa pequeña obsesión desencadena en la vida de Thomas, como si fuese su único eje, como si fuese lo únicamente cierto dentro de toda su escenográfica vida. Y nos adentramos en ese fantástico personaje que es la columna absoluta de la trama.

Diría que, evidentemente, el manejo de Antonioni va por líneas muy distintas a las de Cortazar, pero también creo que muchas veces es el mejor modo de rendir tributo. Transformar algo hasta que sea también tuyo, de algún modo. Además de que permite poder apreciar de manera completamente distinta, aunque con posibilidad de complementarse, cada una de las representaciones.

Si algo me pudo encantar de la película, además de que la construcción del personaje, como comenté, me pareció impecable, fueron las diversas mujeres fugaces que se fueron cruzando. No sé qué tan deliberado haya sido, porque es evidente que todas las mujeres en general de la película eran muy bellas, pero todas aquellas que se presentaban como modelos o aspirantes a, eran tan hermosas como decadentes. Había algo en su complexión, en sus movimientos, en el modo en que les quedaba la ropa. Con una delgadez enfermiza pero extrañamente seductora. Algunos quizá recuerden la escena que da imagen al cartel y es que, si uno se queda únicamente con el poster no llega a notar lo terriblemente delgada, lo siniestra que puede llegar a lucir esa sesión de fotos.
Y yo no sé si es deliberado o no, pero me encanta.


Ya /cinema_asiatico me había dicho que Antonioni era su favorito de los grandes clásicos italianos, aunque la que me dejó de tarea fue "El desierto rojo" (y yo voy y me trago precisamente la que no es manufactura italiana). No lo sé, probablemente tengo que darle aún más oportunidad, pero por el momento me sigo quedando con Fellini.



Y, la obligatoria: ¿Película favorita de Antonioni?








14.5.09



15/05/09
Bueno, el día de las madres se sabe que tenemos que consentir a mi madre por sobre todas las cosas. Aunque eso involucre jugar ajedrez cubano y ver westerns. Desde que le hablé a mi mamá de "Gran Torino" y porque nunca podría verla (porque lloraría, claro) empezamos a rememorar cuanto nos gustaba Clint Eastwood. De algún lado lo saqué, claro. Y desde entonces se empeñó en que quería ver esta película concretamente y tuvimos que conseguírsela a como diera lugar.
Y disponernos a ver una de vaqueros.



"God is not on our side because he hates idiots also"

La verdad es que los westerns jamás han sido mi género predilecto, y el inicio que es increíblemente largo antes de que suceda algo me hizo pensar que quizá no fue una buena idea. Aunque no tenía de otra. Y eso que es casi una épica de tres horas.
Por suerte cuando sale Clint Eastwood todo se arregla. ¿O sólo me pasa a mí? Tampoco es que quiera demeritar a Eli Wallach (que aún no me puedo creer que sea el viejito simpático de "The holiday") o a Lee Van Cleef que están también impecables en su realización. Sin duda la conformación de los personajes, tan basada en estereotipos pero que logran trascenderlos de manera maravillosa, es el eje central de la película.
En realidad no se podría decir que la película tenga una trama bien trazada, en general se trata de sucesos que se dan entre los personajes (o de los personajes con alguna subtrama que involucra a los otros de manera casual) en que se unen y se separan acercándose a un final inminente. Ya se sabe, este pueblo es demasiado grande para nosotros dos. Pero entre la presentación de los mismos y la última escena gloriosa en un hermoso cementerio desértico, pasan muchísimas cosas.
En general la mayor parte del tiempo me mantuvo bastante pendiente de los sucesos, en escenas casi aisladas que se desarrollaban del mejor modo posible (y, bueno, es que yo soy feliz viendo a Clint Eastwood tener estilo). Aunque también debo aceptar que eso de las tres horas y que a veces entre un punto y otro teníamos que presenciar una larga caminata por el desierto, por momentos conseguía perderme por completo.
Casi todo el tiempo nos centramos en la relación amor-odio-conveniencia-destino entre Blondie y el Tuco, quienes están por pares prácticamente toda la película aunque la mayor parte del tiempo parecen no disfrutarlo particularmente. Sus continuos intentos de burlarse-matarse mutuamente se ven interrumpidos y sus caminos unidos debido a la codicia: cada quién posee una parte de la información para encontrar una pequeña fortuna en monedas de oro. De modo que deberan trabajar juntos y procurar que el otro no muera hasta hacerse con el dinero. Y por el otro lado, Angel Eyes, un villano excelentemente trazado, de aquellos que sólo aparecen en el momento justo y a quien nadie interesa de dónde proviene su maldad. Es malo porque tiene que serlo, porque su epíteto nos lo anuncia y lo obliga a trabajar siempre con las peores intenciones. Y lo adoramos por eso.

En fin, que es un clásico, tampoco debía dejarlo tanto tiempo pendiente. Y aunque las peleas con pistolas y las carretas atravesando el desierto tampoco son mis favoritas, no es nada de lo que me arrepienta, sin duda.

Y Clint Eastwood, aquí Blondie, tiene todo el estilo del mundo. Y lo amo por ello.




¿Cuál es tu western favorito?