Nos agarró esta reseña en plenas Fiestas de Muertos pero ya con miras hacia Navidad. Y así aprovechamos también para hablar un poco de esa nueva comedia negra mexicana que sí que me da risa y que lamento que no sea mucho más común en cines, aunque no deja de tener excelentes manifestaciones (muchas de las cuales involucran a Joaquín Cosio, curiosamente, aquí más protagonista que nunca).
"Tú a mí no vas a venir a decirme cómo es el Diablo"
La pastorela es una de esas tradiciones navideñas que uno puede ignorar un poco pero que otras personas se toman demasiado en serio. Yo misma no estaba muy convencida de que fuese material para una comedia negra pero con Joaquín Cosio no suelen salir mal las cosas y menos mal que hice caso a esta recomendación porque es de las no tan comunes películas mexicanas que da gusto ver.
Una pequeña comunidad organiza su pastorela todos los años, y todos los años Jesús Juarez, Chucho, es el Diablo. Un excelente Diablo. Pero las cosas cambian ese año con el cambio de sacerdote y en un complot de intereses se organizan para dejar a Chucho afuera, justo cuando se inscriben a un concurso de pastorelas que además tendrá un premio especial para el mejor Diablo. Chucho no es de los que se toman muy bien el que les digan que no y será capaz de mover a la ciudad entera con tal de demostrar que él nació para ese papel.
Aprovechando los usuales temas navideños, la película se carga sobre la hipocresía, la corrupción y los intereses ocultos en cualquier evento para orquestar una trama delirantemente graciosa. Desde un protagónico que poco tarda en demostrar que sin duda es el Diablo perfecto hasta un sacerdote que no tiene disimulo en pelearse con sus feligreses cuando está harto de la situación. A eso le añadimos persecuciones policíacas, aparatos hiperbólicos a lo James Bond, un montón de gente disfrazada de personajes religiosos y la enorme habilidad del mexicano para burlarse de todo lo sagrado. "Pastorela" pasa por comedia ligera, comedia tonta, comedia negra y disimulada crítica a ciertas contradicciones propias de nuestra religiosidad. Si a veces este exceso de elementos termina por salirse de control en un par de bromitas que quizás son innecesarias, el resultado general es por demás tan surreal como fácil de identificar que como comedia es una maravilla.
Como suele suceder con esta clase de productos, la relación con el público puede llegar a ser un poco extraña. Uno podría decir que una vez más el exceso de mexicanidad hace que espectadores ajenos puedan no entender demasiado lo que está sucediendo, pero luego también es cierto que no todo el público mexicano acepta de buena gana la comedia negra, sobre todo si se cuelga de un tema tan delicado como la religión. Y también es cierto que el exotismo luego consigue venderse fuera de nuestras fronteras. Para mí funciona dentro de ese grupo de 'nuevas comedias mexicanas' como "Matando Cabos" o "Salvando al Soldado Pérez", aunque me termina pareciendo un poco más ligera y menos negra, aunque quizás no todos lo vean así teniendo a un grupo de ángeles, diablos y vírgenes Marías emborrachándose.
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