9.8.11


09/08/11
En algún lugar leí sobre este video, ya ni sé si buscando algo parecido al gore o sólo por casualidad, pero con un título así me atrapó rápidamente. Aunque tampoco tenía mucha idea de lo que iba a ver, un documental sobre la muerte nunca está de más.



"La sangre es escandalosa"
Uno de entrada, con tan poca premisa y tanta imagen explícita sin introducción, podría pensar que se trata de un producto similar a "Faces of death" y ese tipo de metrajes que agrupan escenas de muertes, mutilaciones y situaciones por el estilo sin más propósito que apelar a la morbosidad del espectador. Cosa que generalmente sirve. Y si bien es cierto que algo de eso tiene, también vale la pena hablar un poco de su director, un joven japonés que pasa desapercibido ante las imágenes pero que nos lleva a preguntarnos qué hace un japonés en Colombia siguiendo obsesivamente a un embalsamador.

Orozco trabaja en una funeraria en algún barrio pobre de alguna ciudad colombiana, lleva muchos años en ello y sin duda mira a la muerte sin el asombro o el respeto con que los espectadores incautos nos acercamos. Nos encontramos de pronto en el pequeño y sucio cuarto donde trabaja y mientras le abre el estómago al cuerpo en cuestión y vacía sus vísceras, nos va explicando sin mucha formalidad todos los pasos de la preparación de un cuerpo. Es redundante advertir que toda la grabación es real y completamente explícita, así que para los que no se encuentren ante su tipo de género sin duda se darán cuenta de inmediato como para no continuar.
El documental, si es que se puede considerar del todo así, avanza de manera desordenada, con el único propósito aparente de documentar todo. Nos enteramos no sólo de la poca formalidad con la que los muertos son arreglados antes de llegar a su ataúd, sino también de la vida del propio Orozco, de la violencia en las calles de Colombia, de algunos casos aislados con los que el director se encontró (no necesariamente de muertes, al parecer se acercaba a todo lo que pudiera parecer escandaloso de una forma u otra), entrevistas con gente del barrio, personas cercanas a Orozco, otros embalsamadores que explican algún otro estilo que tengan para trabajar. Todo, en general, enmarcado por las más que constantes imágenes de cadáveres siendo manipulados en diversos modos. Hacia el final cualquier mensaje que pudiese querer explicar los motivos del documental queda a consideración del espectador: ¿es tan sólo un espectáculo de la muerte con una estructura más técnica para no hacer tan obvia la morbosidad? ¿es un seguimiento sutil de la idea que la muerte hacia el final no es ni grandilocuente ni ceremoniosa, sino una parte más de la cotidianidad? ¿habla sólo de Colombia, habla sólo de América Latina, sólo de los barrios pobres, sólo de las muertes escandalosas?
Ninguna de estas preguntas consiguen realmente una respuesta, sin embargo esto puede jugar tanto a favor como en contra dado que en temas como la muerte el tomar una perspectiva siempre termina por mostrarse como una visión parcial. Aquí la visión se muestra como omnipresente pero sin juicio alguno, es tan solo un ojo que mira, al igual que nosotros, y que nos deja con una historia a medias y más preguntas.

Y digo que esto juega también en contra porque sin duda que para muchos, los que apenas sortearon las imágenes desagradables y esperaban una explicación para todo lo que acaban de ver, quizás les suene el final como un corte abrupto de alguien que no supo como cerrar algo que tampoco supo cómo presentar. Y es muy viable pensar que el propio Kiyotaka no estaba muy seguro de lo que perseguía y se limitó a documentar una suerte de 'descubrimiento del asombro' que es imposible de cerrar del todo.

Como mencioné hay que hablar del director. Tsurisaki Kiyotaka es un fotógrafo que se ha dedicado a hacer de la nota roja su arte. Especialmente de la nota roja más desagradable: miembros mutilados, asesinatos escandalosos, sangre y más sangre. Colombia fue uno de los primeros sitios por los que comenzó y sabiendo esto no es de extrañar que su 'documental' tenga más fuerza en las imágenes que en el sentido general, porque lo más probable es que sólo demuestre su interés por el después. El después de sus fotografías, el cuerpo que ya ha sido recogido y relegado a una mesa en donde alguien tratará de pegar sus heridas para hacerlo un poco más presentable: recomponer la horrible imagen de su muerte.

No tengo que agregar que no es, ni de cerca, para estómagos sensibles, y aún más que probablemente sólo tenga algún interés para los que se acerquen a él por morbo y tal vez a riesgo de que lo encuentren algo aburrido. Pero si uno tiene ganas de ver imágenes desagradables y ponerse a pensar un poco en lo que sugieren, entonces, quizás, pueda resultar en una visión interesante.




¿Documental favorito que aborde (aunque no sea el central) el tema de la muerte?

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